Irse a vivir al campo de una manera diferente

Crecí en la ciudad, viví en la ciudad, disfrute la ciudad…hasta el día que de verdad no pude más! Me enseñaron que la vida es estudiar en la universidad, hacer un post grado, conseguir trabajo, casarse, tener hijos, una casa enorme, carros de marcas elegantes, fincas en resort… Había algo que no me cuadraba en ese panorama, ¿cuándo iba a ser feliz? ¿Porqué tenía que tener tantas cosas para alcanzar la felicidad? El día que tuviera hijos, ¿eso era lo que les iba a enseñar?
Por otro lado tenía el panorama del campo. Esa era la antítesis de la historia prospera que me habían vendido en la urbe. Decían que en el campo todo era muy duro, la pobreza acechaba, la soledad siempre estaba presente… Pero a mi, algo en esa historia tampoco me cuadraba! ¿Cómo es que veía tantos campesinos felices? ¿Cómo es que cuando estaba en las montañas no podía parar de sonreír? La vida se exponía en todo su esplendor, la naturaleza es sabia, de hecho para mi es Dios! ¿Cómo es posible que tanta belleza, abundancia y vida vaya en contra de esa “realidad” que nos habían vendido en la ciudad? Tenía que comprobarlo por mi misma. Sabia que existía una realidad basada en la realidad, en lo que se puede tocar, en el presente, en las montañas, en los ríos, en los pájaros…. Es que, señores, la comida crece, no sale de la tienda!

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Decidí venirme a vivir al campo en el 2012. Mi papá vivía acá hace muchos años, por lo que mi opción fue vivir con él, aunque no fue nada fácil adaptarme. Toda mi vida seguía en la ciudad, por lo que tenía que bajar a Bogotá casi todos los días. Salía de la finca a las 6 am para poder estar hacia las 7:30-8 y trabajar hasta las 7 para evitar la hora pico, y estaba de regreso hacia las 9 pm. Eso no era lo que yo me soñaba de vivir en el campo. Primero me tome un día en la semana para estar en la finca y poder empezar a trabajar en la tierra. En mi trabajo las cosas se pusieron difíciles y mi socia sentía que yo cada vez me desprendía más. No estaba del todo equivocada, yo quería vivir en el campo y sentía que no lo estaba logrando. No paso mucho tiempo hasta que renuncie. Mi vida estaba acá, no sabia muy bien por donde es que iba a ser, pero algo si tenía seguro y es que acá me sentía viva, me sentía feliz! Ahora tenía que encontrar que hacer, a que iba a dedicar mis días. No sabia mucho del campo, por no decir que nada. Además el campo que vivía mi papá y sus vecinos, si que era duro! Ese campo que tenemos en nuestro país, donde el oficio no se valora como debería, donde el pago por las tareas rurales es muy bajo, casi nulo.

 Tengo formación como diseñadora industrial. Una carrera muy versátil. Al principio pensé que la esencia era producir productos (valga la redundancia) que nadie necesitaba y en cantidades industriales. Pero afortunadamente no fue así. Tiene muchas vertientes, entre ellas la que más me llamo la atención: el diseño sostenible. Es el diseño (algunos dicen de productos) a mi me gusta decir de ideas armónicas con el medio ambiente, la sociedad y la economía. Así que esto era lo que tenía! Me iba a vivir al campo, siendo diseñadora industrial enfocada al diseño de ideas sostenibles! (Esto que estoy escribiendo me esta ayudando a esclarecer muchas cosas, he de confesarlo).“Diseño de ideas sostenibles en el campo” Eso suena bien! Pero bueno, que es eso de ideas sostenibles y más aún, en el campo? Si todavía ni conocía el campo! Ese era el primer paso. Me fui de donde mi papá como a los seis meses, no porque quisiera, me echo! Tenía razón esa era su casa y yo debía seguir mi camino. Me conseguí una casita espectacular! La mejor, tanto que ni lo creía! Era muy cerca a Bogotá, lo que en ese momento me daba seguridad; tenía dos cuartos, cocina, sala, patio, altillo… En verdad estaba puesta por un ángel para mi! Ese mismo ángel que no me desampara: mi mamá! Al otro día me fui para allá! El trasteo fue impresionante: cosas de donde mi papá, de la antigua casa de mi mamá, de la oficina que precisamente estaba cerrando, por que había renunciado! Podía poner las cosas como yo quería, podía quedarme al lado del fuego de la chimenea hasta altas horas de la noche, leyendo y escuchando la música que me gustaba. Parecía un sueño, un sueño hecho realidad. Estaba logrando vivir en el campo como siempre lo había soñado! Mientras viví en esa casa, hice de todo: Talleres para jóvenes del pueblo sobre graffiti e intervenciones artísticas urbanas; talleres para niños de escuelas veredales, donde ellos eran exploradores y salían a explorar su región, con la idea de despertar en ellos un sentido de pertenencia por su territorio y así prevenir el desplazamiento de los campesinos a las ciudades; organizamos festivales de arte con mi novio, escribí posts en mi primer blog sobre historias que me encontraba por ahí, como la de un capitán de avión que dictaba clases de Dulzaina a los niños en las veredas… Explore todas las alternativas con el único fin de encontrar lo que me apasiona y me hace libre. Sigo en la búsqueda!

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Después de un tiempo, Julián, mi novio, se fue a vivir conmigo a esa casa. Nunca voy a olvidar ese día que me mi papá me dijo que si me venia a vivir al campo, me iba a quedar soltera y con toda la seguridad le conteste: “no creo, acá es un voy a conseguir al hombre de mi vida!”. Él es diseñador, tatuador, ilustrador, mejor dicho! Todo un talento. Un talento totalmente apegado a la ciudad, nunca nos imaginamos cómo podríamos llegar a unir esos dos mundos: el de él completamente urbano, porque que hace un tatuador en el campo? Y el mío, que tanto me había costado sacar de la ciudad! Durante mucho tiempo, la cercanía de la casa a Bogotá fue nuestra mayor bendición. Julián entraba a trabajar a las 11 de la mañana, por lo que teníamos tiempo de desayunar con calma, estar un buen rato juntos antes de que saliera en su Vespa para Bogotá. Terminaba su trabajo en la tienda de tatuajes a las 8 pm, por lo que en un día normal (es decir no viernes, ni fin de semana) estaba llegando a la casa hacia las 9 de la noche. Los días de rumba, ni se asomaba por allá. Él también tuvo sus ciclos, también fue tomándose su tiempo para despegarse de la ciudad poco a poco, y estoy convencida, hoy en día, que eso es lo que nos tiene con toda la convicción de estar donde estamos.

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Fue en esa casa donde comenzamos nuestro sueño de Proyecto San Antonio, un laboratorio de arte y diseño en el campo! Aunque esa descripción tomo su buen tiempo en aparecer, al principio era una “miscelánea en el campo”, como decía un buen amigo. Hacíamos de todo, precisamente la estabamos creando para que nos permitiera ser libres y poder hacer lo que soñábamos con una plataforma que nos soportara. Se llama San Antonio, por que es el nombre de la finca de mi papá, donde sabíamos que teníamos el espacio en un futuro para construir el sueño completo! Lo conceptualizamos (no podíamos dejar de hacerlo siendo diseñadores, pero resultó un muy buen discurso): a San Antonio le rezan para pedirle cosas perdidas, especialmente marido. Lo ponen de cabeza y le quitan al niño que tiene en brazos. No lo enderezan y le devuelven al niño Jesus hasta que no esté hecho el milagro. Es por eso que nosotros quisimos crear un proyecto que invite a “pensar al revés para pedir milagros”. Estamos convencidos que pensando de una manera diferente podemos alcanzar los sueños, y no sólo los propios sino los de toda la humanidad: tener un mundo más justo, en equilibrio con la naturaleza, la sociedad y la economía, es decir un mundo sostenible!

  
Así empezó este recorrido! Comenzamos haciendo trabajo con la comunidad, como ya lo describí, después haciendo los festivales, que también nombre, además hicimos productos que vendíamos en ferias y tiendas en Bogotá para promocionar nuestra iniciativa. Después de un tiempo nació El Milagrito, el hostal del proyecto. Una casa campesina que arrendamos y adecuamos para prestar el servicio de hospedaje y ofrecer a los turistas un producto relacionado al campo y al campesino. Nuestros huéspedes podían aprender a hacer queso, ordeñar, criar gallinas, cerdos, montar a caballo y recorrer las montañas aledañas de las manos de los locales, de los campesinos vecinos de la casa que se unieron al plan! Fue hermoso, durante un año tuvimos la posibilidad de atender a más de 100 personas que pasaron por ahí! Por cosas de la vida debimos cerrar esa casa y continuar nuestro camino, pero todas las enseñanzas de ese momento están latentes para próximos pasos que la vida nos de la oportunidad de dar.

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En junio de 2014 debimos salir de la casa del Salitre, la vendieron y ya era hora de partir. Hacía un año habíamos comprado un bus chatarra que soñábamos en convertir en nuestra casa. Pasaron casi 8 meses más después de nuestra salida del Salitre, para poder habitarlo por fin! Hoy en día vivimos en él, estamos muy orgullosos de nuestro trabajo y nuestro hogar. Y ahora si que puedo decir con toda la seguridad que me da la experiencia que no necesito de una casa enorme, carros de ultimo modelo y un postgrado para ser feliz! (Aunque el postgrado si me gustaría hacerlo en algún momento… solo por la satisfacción que me da estudiar!).  

Planteamos nuestra vida en el campo, con las herramientas que teníamos: ser diseñadores y pensar diferente. Hoy, vivimos en nuestro bus, en la finca San Antonio, Julian tiene otro bus El Dorado Tattoo donde tatúa con energía solar y sus clientes se van felices, no solo por el gran trabajo que hace en Julián en su piel, sino por la experiencia de tatuarse de una manera diferente: en un bus en el campo! Y yo sigo en mi lucha por seguir trabajando con la comunidad, en el turismo, que aunque dio el giro del hostal, si estoy convencida que es un excelente rubro para hacer del campo un oficio sostenible. Sueño con crear redes de turismo campesino en mi región, con empoderar a los campesinos en su labor y generar empleo en sus veredas.

   Así es como hoy por hoy estoy convencida que se puede vivir en el campo de una manera diferente… y que definitivamente: el CAMPO ES VIDA!

 
Gracias por leer!

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13 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Karen dice:

    Me encanta. Te acabo de descubrir por el comentario que hiciste en este artículo: http://www.inversionesagro.com/noticias/por-que-el-futuro-es-trabajar-en-el-campo-y-no-en-la-ciudad. Eres una referente para mi futura vida en el campo ❤.

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    1. Ana Tovar dice:

      Hola Karen! Me llenan de alegría esas palabras! Gracias y … Anímate! la vida en el campo es espectacular! La mejor energía!

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  2. Juan Guevara dice:

    Hola Ana, me alegró mucho leer tu post, saber que hay gente joven camellando para lograr una vida feliz en el campo me motiva y me confirma que si es posible! Con mi novia estamos haciendo Workaway y llevamos dos meses de experiencias increíbles en el campo, hemos conocido lugares y personas que nos han inspirado mucho y ahora vamos moldeando mejor la idea de como hacerlo. Gracias por compartir! Te deseo lo mejor en tus proyectos!

    Un abrazo.

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    1. Ana Tovar dice:

      Hola Juan, muchas gracias por tus palabras!! Me alegra mucho que te motiven y mucho ánimo!!! Este camino definitivamente es muy inspirador! La mejor energía para ti y tu novia!

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  3. Miguel dice:

    Hola Ana.
    Wow! no puedo creer que este leyendo un blog tan acorde a mi forma de pensar y a mis sueños. Todo lo que escribes es lo que quisiera poder decir en algún momento. Muchas gracias por compartirlo y confirmarme que si es posible. Saludos!

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    1. Ana Tovar dice:

      Hola Miguel!!! Muchas gracias! Me alegra mucho saber que hay gente como yo! 🙂 jeje!! Si es posible que? No te entiendo!!! Pero si lo quieres compartir, siéntete totalmente libre!!!

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  4. Una buena historia, coincidente con la nuestra en Fundación Vivirenlafinca excepto por lo del turismo. En el campo podemos vivir de lo que sabemos hacer desde nuestras profesiones y además podemos contribuir con su desarrollo y el de su comunidad hacia otras opciones diferentes de las agrícolas

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  5. Kenneth dice:

    Son unos duros vos y tu novio, que nota de proyecto. Rose y yo vamos pa lo mismo dentro de poco, que buena inspiración.

    Gracias!!!

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    1. Ana Tovar dice:

      Gracias Kenneth!!!! La mejor energía para tu proyecto!

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  6. Enrique dice:

    Hola Karen encontré tu blog por causalidad, y estoy fascinado con lo que escribes desde tu experiencia. En mi caso estoy en ese proceso de tomar la decisión definitiva de irme al campo y tus artículos me resultan muy iluminadores. Quizás más adelante me anime a escribir de la misma manera mi experiencia. Te seguiré leyendo. Muchas gracias.

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    1. Ana Tovar dice:

      Hola Enrique! Gracias!!!! Espero que te animes y vuelvas a Campo es Vida y me cuentes como vas en tu proceso. También tal vez algunas dudas o cosas que quieras que profundice en este blog, para apoyarte a ti y a otros a que se animen a vivir en el campo!!!
      (Solo una aclaración sencilla: me llamo Ana, no Karen jejeje)

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  7. Enrique Salas, Intihuasi, La Calera. dice:

    Ana, estoy encantado de haberte conocido. Diferentes destinos permitieron llegar a una persona con quien podemos compartir visiones de vida, mas bien redivisar el concepto del buen vivir. Te felicito por lograr tempranamente (en tu linda juventud) desprenderte del contemporáneo desgastador hábito de consumo. En mi madurez busco al fin un modo de vida que me complazca, me haga un humano consciente, responsable y solidario con mi sociedad y mi territorio. El camino hacia esa meta será esforzarse en realizar cambios en nuestra esclavitud mental de consumo, hábitos, costumbres y cultura globalizada. Quiero humildemente compartirte mis experiencias desaprendiendo y re-creando leyes, re-viviendo la esencia ancestral.

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    1. Ana Tovar dice:

      Gracias Enrique! igualmente, que bueno conocerte!!! Espero pronto poder ir a conocer Intiguasi y el lindo proyecto que tienes con Luz!

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